La sesión partía de una apertura en Asia con un gap claramente visible, lo que me obligaba a contextualizar el precio antes de buscar cualquier entrada.
Después del desplazamiento inicial, el mercado comenzó a construir una estructura que terminó dejando un patrón muy reconocible: un doble suelo. Para mí, el patrón por sí solo no era motivo suficiente para operar; lo importante era cómo aparecía dentro del contexto y dónde quedaba definida la invalidación.
A partir de esa estructura planteé una operación alcista con el riesgo limitado por debajo de la zona que invalidaba la idea y con un objetivo situado en una referencia de precio anterior. El planteamiento buscaba aproximadamente una relación riesgo/beneficio de 1:3.
El precio reaccionó desde la zona, desarrolló el recorrido alcista y terminó alcanzando el objetivo marcado.
La idea no era comprar porque apareciera un doble suelo. El patrón simplemente ayudó a estructurar una hipótesis dentro de un contexto previo, con una invalidación conocida y un objetivo definido antes de ejecutar.
